Despacio… camina… vive

«Antes de la redención era el fondo del mar una cárcel y no un camino. Pero Dios convirtió el abismo en camino» [S. Gregorio Magno]

Se cree en el Resucitado -también- cuando se sigue adelante despacio, despacio…

Y cuando no se deja de caminar… aunque sea despacio. Cada cual a su ritmo.

Y, sobre todo, cuando no se deja de vivir. No sólo estar vivo. Ni sobrevivir. Sino vivir y una vida en abundancia. La que todos queremos.

Despacio… Calma… Respira… Sonríe si puedes… No dejes de vivir.

Yo creo en Jesús. Yo creo en el Resucitado

(solo se puede creer en primera persona del singular)

Creo en la Iglesia. En esta, que es la única que hay

(sólo se puede creer con otros, con todos, sin elegir)

Permanece… Despacio… Respira… Da y recibe… Abre… Suelta y deja ir… Despacio… Camina…

Vive

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¡Anda, levántate!

Es un clásico: el miedo nos mata. Nos agarrota. Nos deja viviendo medio muertos. Y a veces hasta medio matamos a los que quedan cerca, que de todos es sabido eso de “Señor, ya huele mal, que lleva cuatro días muerto”…

Es un clásico: la fe mueve montañas, pero nadie se resucita a sí mismo. Ni siquiera Jesús. Lo resucitó el Padre. Nos resucitan los que nos quieran, los que lloran al vernos morir, los que siguen creyendo en nosotros, aun en el sepulcro. -esos nos resucitan.

Y la canción de esta semana, también un clásico: ¡anda, levántate y anda! Bien podríamos cantársela a Lázaro, el conocido amigo de Jesús. O a nuestros Lázaros más cercanos. O él, resucitado, cantarnos a nosotros eso de:  … ¡para que tengas vida!… ¡Anda, levántate!

No tengas miedo, tú no te rindas no pierdas la esperanza.

No tengas miedo, yo estoy contigo en lo que venga… y nada

puede ni podrá el desconsuelo retando a la esperanza.

Anda… levántate y anda.
No tengas miedo, no desesperes no pierdas la confianza.

No tengas miedo, yo voy contigo siempre y a donde vayas.

No dejes que envejezca un solo sueño cosido a alguna almohada

Anda… levántate y anda.
No tengas miedo, yo te sujeto sólo confía y salta.

No tengas miedo, voy a cuidarte te alzaré cuando caigas.

Siempre puedes empezar de cero Yo lo hago todo nuevo.

Anda… levántate y anda.

Tú eres mi sueño y mi causa no pienses que voy a dejarte caer

voy a despertarte y estaré a tu lado para que cada día sea un nuevo renacer.

Y para que tengas vida!… Anda! Levántate!

Asuntos pendientes… ¡y mucha luz!

A ver: ¿a ti qué es lo que no te deja ver bien? Todos vamos un poco ciegos por la vida, no? No es una reflexión moral: es una constatación… un clamor… un anhelo…  Sobre todo cuando lo que nos impide ver bien, lo que nos deja a oscuras, son asuntos pendientes; es decir, todo aquello que no hemos digerido bien, que nos ha hecho daño, que no hemos sabido pasar página, que no hemos podido perdonar….

Y vamos como al Ciego del Evangelio. Un poco de música para cantar que hoy es un buen día para liberarnos de asuntos pendientes que nos quitan luz. ¿Te parece?

Miré dentro y pensé que algo debe cambiar,
No puedo caminar con rencor en la piel y en los ojos la sal.
Confiar otra vez en la humanidad,
Disfrutar de tus besos, oler en tus manos toda tu bondad.
Lo cierto es me hiciste mal. Lloré ríos, bebí crueldad.
Me equivoqué, no supe amar, quiero aprender, andar en la verdad.
Encontrar la razón de las horas perdidas,
Entender el perdón como un gesto de amor para toda la vida.
Aceptar que hoy es hoy y que ayer fue pasado,
Que aprender a vivir es saber descubrir que el futuro está actuando.
Olvidar el dolor de palabras hirientes
Y cambiar la razón ojos que no te ven corazón que te siente.
Entregarme a la luz cuando llegue el momento
Y buscarte en mi alma, encontrarte,
Saber y sentir que no tengo asuntos pendientes.
Asuntos pendientes…
No quiero que me duelas más, ni esperar nunca nada de ti.
Quererte así sin disfrazar, dejando a un lado el mal que viví…
Encontrar la razón de las horas perdidas,
Entender el perdón como un gesto de amor para toda la vida.
Aceptar que hoy es hoy y que ayer fue pasado,
Que aprender a vivir es saber descubrir que el futuro está actuando.
Olvidar el dolor de palabras hirientes
Y cambiar la razón ojos que no te ven corazón que te siente.
Entregarme a la luz cuando llegue el momento
Y buscarte en mi alma, encontrarte,
Saber y sentir que no tengo asuntos pendientes.
Asuntos pendientes…

Seamos Pastillas potabilizadoras

Mucha bufa, mucha palabra fuera de tono, mucho trago de agua contaminada que vamos sorbiendo a poquitos y así… casi, casi, lo bebemos sin darnos cuenta. Pero siempre hay alguien o algo (si estás un poquito atento) que te hace sentir incómodo, que te deja mal sabor de boca y entonces te preguntas: ¿qué estoy bebiendo?

Y escuché ayer a alguien que nos invitaba a ser “pastillas potabilizadoras” en estos días cotidianos: entre cercanos y no tanto, en el ámbito público y en el privado, en lo pequeño y en lo grande…Porque si seguimos así, acabaremos todos sin sed, bien hartos, pero con el estómago más que atrofiado, contaminados y con el sentido gustativo atrofiado. Ese sentido que nos permite calibrar lo amargo y lo dulce, lo salado, lo luminoso y lo tosco… va a terminar por atrofiársenos personal y socialmente como sigamos así. Y será una pena.

Ya no vale sólo con “no contaminar” y mirar para otro lado o huir de conversaciones zafias, violentas o mentirosas. Hace falta potabilizar. Y podemos hacerlo. Ojalá.

Confesión… samaritana

¡Ay de los errores cometidos por amor!, ¡ay de las meteduras de pata de quien busca amar y que te quieran!… ¡Cuánta indulgencia y ternura parece que provocan en el corazón de Dios! Y si no, mira la Samaritana y Jesús, conversando en el Pozo… Sin renunciar a la verdad, llamar a las cosas por su nombre; sin dejar de lanzar el deseo para crecer e ir más allá, sin contentarse con amores coleccionables… ¡Pero cuanto amor!

Pues eso: yo también me confieso culpable.

Confieso ..
haber perdido el juicio, haber catado el vicio, haber alzado el vuelo.

Confieso ..
haber mordido el polvo, haber tocado fondo, haber besado el suelo.

Confieso que ..
me equivoqué más veces que acerté, que quise ser lo que no era.

Confieso que ..
más de una vez, al verte me cambié de acera.

Confesión, confesión que tiro al viento.
No estoy buscando redención, no me arrepiento.
Confesión del pecado inconfesable, de haberte querido tanto .. me confieso culpable.

Confieso ..
que no te he perdonado, que me hayas olvidado, en tan poco tiempo.

Confieso ..
que, por seguir al viento, a veces he partido cuando no era el momento.

Culpable .. Culpable .. Culpable ..
Si quererte fue delito abre bien esas orejas y escucha lo que te digo:
“Yo no le temo al castigo. Abre bien esas orejas. Si quererte fue delito ..
que me metan entre rejas”

Culpable .. Culpable .. Culpable ..

Trocar placer por dolores ¿o estar sin amores?

Vivimos rodeados de “buenismos” varios: éticos, estéticos, espirituales, políticos… Todo lo que implique dolor, tensión, desasosiego… no es bueno. Ni bello, quizá. Y a fuerza de limar y redondear la realidad, vamos perdiendo intensidad, pasión, ¡vida, en definitiva!

Quizá por eso el evangelio de la Transfiguración me ha recordado esta bella canción del siglo XV, de Juan del Encina. El primer “cantautor” que aprovechó la novedosa imprenta sin asustarse de “esos modernismos”. Lo que es bello, sigue siéndolo siglos después. Incluso aunque no te guste este tipo de música. Y no olvides la letra.

Hay placeres que bien merecen ser trocados por soledad, angustia, debilidad, burlas, sufrimiento… siempre que el precio haya sido amar. Amar mucho y bien. todo lo mejor posible. Porque vamos intuyendo que los momentos de luz y paz que se nos regalan en la vida (como la Transfiguración) nunca serían tan intensos y bellos, si nos empeñamos en renunciar a todo dolor, pasión, presión… Quizá vivas más tranquilo, todo muy suave y correcto… pero bello, lo que se dice bello… creo que no.

Más vale trocar
plazer por dolores,
que estar sin amores.

Donde es gradecido
es dulce el morir;
bivir en olvido,
aquél no es bivir:
mejor es sufrir
passión y dolores,
que estar sin amores.

Es vida perdida
bivir sin amar,
y más es que vida
saberla emplear:
mejor es penar
sufriendo dolores,
que estar sin amores.

La muerte es vitoria
do bive afición,
que espera aver gloria
quien sufre passión:
más vale presión
de tales dolores,
que estar sin amores.

El ques mas penado
mas goza de amor,
quel mucho cuydado
le quita el temor:
assí ques mejor
amar con dolores
que estar sin amores.

No teme tormento
quien ama con fe,
si su pensamiento
sin causa no fue:
aviendo por qué
más valen dolores,
que estar sin amores.

Amor que no pena
no pida plazer,
pues ya le condena
su poco querer:
mejor es perder
plazer por dolores,
que estar sin amores.

No soy feminista, soy mujer… y encima monja (bueno, religiosa)

Bueno, si hay que ser feminista, lo soy. Pero lo que realmente quiero ser es mujer. Sin complejos. Sin ínfulas. Sin nada. Una mujer. Una persona.

Del mismo modo que a quien levanta la voz por la defensa del lince ibérico no se le llama “lincenista”, no?… O a los que intentan dar visibilidad a los niños con enfermedades raras, no les acusan de …

Y además, soy monja, bueno… religiosa para ser exactos, que no es lo mismo. Pero es como la gente nos entiende. Y eso, a veces, según en qué ruedos del “otro lado”, te “obliga” también a tener que justificarte y aclarar… Pero tampoco voy a hacerlo. Soy religiosa, es decir, soy una mujer. Parte de la Iglesia. Una persona.

Por eso, y porque me canso (como dice la entrevista) también de estar defendiendo lo que es tan evidente que se torna ridículo, celebro hoy el día con la rabia y la tristeza de quien ve matar a mujeres con demasiada frecuencia y con demasiada impunidad. #niunamás.

Y lo celebro también pensando en la Iglesia, mi casa, mi familia. Y me canso de lo mismo. La entrevista es del 2012 (aquí solo extraigo unos segundos…) Entre medias un Papa ha renunciado sintiéndose ya sin fuerzas para semejante servicio. En España también ha habido cambios significativos. Pero la situación de la mujer… no sé si ha cambiado mucho. Quizá no podemos esperar grandes cosas a medio plazo. Pero al menos, formemos parte de los gestos aislados. Esos que cambian el mundo.

Dentro y fuera de la iglesia. En la vida, que es de lo que se trata.

Tentaciones: Un guerrero de la luz no cuenta solamente con sus fuerzas

Me gustan especialmente los relatos evangélicos donde se nos recuerda tozudamente que Jesús era verdaderamente humano y muy humano. ¿Hay algo más humano que experimentar la tentación? No me refiero a superficialidades que tanto venden (todo lo relacionado con lo erótico, la sexualidad, el deseo aquí y ahora..). Me refiero a cosas serias, que te ponen en juego la vida, que te bloquean, que no sabes cómo continuar, que en tu decisión final decides tomar un camino u otro…

Un guerrero de la luz no cuenta solamente con sus fuerzas; usa también la energía de su adversario.

Al iniciar el combate, todo lo que él posee es su entusiasmo y los golpes que aprendió mientras se entrenaba. A medida que la lucha avanza, descubre que el entusiasmo y el entrenamiento no son suficientes para vencer: se necesita experiencia.

Entonces él abre su corazón al Universo y pide inspiración a Dios, de modo que cada golpe al enemigo sea también una lección de defensa para él.

Los compañeros comentan: “¡Qué supersticioso es!, paró la lucha para rezar, y respeta los trucos de su adversario”. El guerrero no responde a estas provocaciones. Sabe que, sin inspiración ni experiencia, ningún entrenamiento da resultado.

(Paulo Coelho)

Este pasaje del guerrero de la luz me recuerda mucho a Jesús en las Tentaciones:

  • Es fundamental detectar con claridad quién es nuestro enemigo, quién nos quiere mal… y quién no. Porque si no,nos equivocaremos en nuestra respuesta.
  • Con el enemigo no se dialoga, no se razona, no se responde a la provocación… Solo se permanece fiel a tus raíces, a tu suelo, a quien te da vida y horizonte.
  • Nuestros enemigos pueden ser nuestros mejores aliados porque nos recuerdan cuáles son nuestros flancos abiertos (los que necesitas proteger y reforzar) y nuestras mayores fortalezas.

Bienvenidos enemigos que me hacéis fuerte. Bienvenidos amigos (¡Amigo!) que me fortalecéis para seguir caminando por el desierto…

Baila como tú quieras bailar

 

Medio planeta o todo entero, está estos días envuelto en carnavales….

Medio planeta o mejor, un tercio aproximado del planeta, en un par de días comenzamos la Cuaresma. Yo estoy en ese tercio escaso. Y como para todo lo grande, conviene no llegar de golpe. Necesitamos ir llegando para entrar enteramente. Y si además de llegar, se trata también de dejar atrás (mucho de esto tiene la Cuaresma cristiana), entonces requiere un tiempo.

Los humanos no estamos hechos para ir creciendo a golpes, para convertirnos de golpe, para creer de golpe, para amar de golpe, para convertirnos de golpe… A la larga no funciona. Estamos hecho de tiempo, de proceso, de espacio despacio…

Por eso me tomo unos días para ir entrando en la Cuaresma. Y especialmente este año, un tiempo para venir, dejar atrás y bailar… sin deberes, sin salvavidas, sin disfraces, sin paracaídas, con sinceridad… Esta canción lo cuenta de la mejor manera posible. Y si quieres una Cuaresma para bailar, echa un ojo aquí.

 

Vengas cuando vengas, deja atrás el peso
Quema las maletas, tira tu champú
Tengas lo que tengas, dame lo que quieras
A plazos o en teras, como veas tu
Hagas lo que hagas, hazlo porque quieres
No pongo deberes y no paso lista
Vistas como vistas, falda o pantalón
No te me disfraces, para la ocasión

No te quiero retener
Si te da el punto, te vas
Y aunque, me veas mirar
Baila como tú quieras bailar

Vengas cuando vengas, ven sin salvavidas
Sin paracaidas y sin afeitar
Digas lo que digas, dilo sin sedante
Fuerte y al semblante, lo puedo encajar
Haga lo que haga, que sea sincero
Sin quizás sin pero y sin avalistas
Vistas como vistas, seda o algodón
No te me disfraces para la ocasión

No te quiero retener
Si te da el punto te vas
Y aunque me veas mirar
Baila como tú quieras bailar

Baila como quieras bailar, baila como quieras bailar
Baila como quiera bailar
Baila como tú quieras bailar

Ser santo/a: ser libre frente al miedo

 

Su santidad no responde a las expectativas religiosas de su tiempo (…) Para Jesús, hacer la voluntad de Dios es, por tanto, tener plena libertad para discernir las situaciones en su objetividad. Jesús no tiene miedo, no está angustiado. Quizá esa libertad frente al miedo y a la angustia sea lo que hace aparecer a Jesús como un ser santo: plenamente consciente de la influencia de su acción en la condenación que corre el riesgo de causar, Jesús no cesa de abrir un espacio de esperanza, sin apelar a una irrupción del poder divino. Su serenidad y su lucidez se transparentan todavía a través de los textos antiguos (…) Jesús es santo porque deja obrar en él al Espíritu creador que separa de normas impuestas por el pasado: entra valientemente en una creación nueva cuya forma es insospechable y cuyo camino es mortal (Ch. Ducoq, Santidad de Jesús y santidad del Espíritu, Concilium 149 (1979) 402.411-412)