“Si…” Si lo vives así, has acogido el Espíritu…

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero admites también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o, siendo engañado, no pagar con mentiras,
o, siendo odiado, no dar lugar al odio,
y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre
y tratar a esos dos impostores exactamente igual.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,
O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable
con un recorrido de sesenta valiosos segundos.
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene,
y —lo que es más— ¡serás un Hombre, hijo mío!

(“Si…”, de Rudyard Kipling)

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Una puerta violeta (a modo de desagravio)

Para cerrar el mes, un poco de música y de poesía y de vida.

Por esas “manos” misteriosas que se nos ponen en el cuello sutilmente y nos impiden respirar.

Por todos los nudos en las cuerdas que nos ensucian la voz.

Por todos los árboles que no crecen porque no están en su lugar.

Por todas las heridas que permitimos que nos reabran y sangren de nuevo.

Por todo lo que nos aplasta, por todos los que nos mienten y anulan. Así, a modo de desagravio poético.

Y sobre todo, sobre todo, por tantos jilgueros que anidan en nuestra garganta y nos dan ganas de volar con fuerza, a pesar de todo y con todo.

 

Una niña triste en el espejo me mira prudente y no quiere hablar
hay un monstruo gris en la cocina
que lo rompe todo que no para de gritar.
Tengo una mano en el cuello
que con sutileza me impide respirar
una venda me tapa los ojos
puedo oler el miedo y se acerca.
Tengo un nudo en las cuerdas que ensucia mi voz al cantar
tengo una culpa que me aprieta
se posa en mis hombros y me cuesta andar.
Pero dibujé una puerta violeta en la pared
y al entrar me liberé
como se despliega la vela de un barco.
Desperté en un prado verde muy lejos de aquí
corrí, grité, reí
sé lo que no quiero
ahora estoy a salvo.
Una flor que se marchita
un árbol que no crece porque no es su lugar
un castigo que se me impone
un verso que me tacha y me anula.
Tengo todo el cuerpo encadenado
las manos agrietadas
mil arrugas en la piel
las fantasmas hablan en la nuca
se reabre la herida y me sangra.
Hay un jilguero en mi garganta que vuela con fuerza
tengo la necesidad de girar la llave y no mirar atrás.
Así que dibujé una puerta violeta en la pared
y al entrar me liberé
como se despliega la vela de un barco.
Aparecí en un prado verde muy lejos de aquí
corrí, grité, reí
sé lo que no quiero
ahora estoy a salvo.

Pues sí, soy un poco oveja, ¿y qué?

Todos los años por estas fechas, el 4º Domingo de Pascua, con la fiesta de Jesús Buen Pastor, abundan los comentarios reacios y quejosos porque el símil es impropio y no nos hace “justicia”. Me sorprende.

  • No tenemos problema con vestir las mismas marcas, colores y cortes que alguien decide al iniciar cada temporada, pero ponemos el grito en el cielo si alguien nos asocia con un rebaño.
  • Pocas épocas como la nuestra habrán sido tan proclives al pensamiento único, al borreguismo intelectual y a las respuestas en masa… Y a la vez, pocas generaciones serán tan susceptibles ante cualquier insinuación de falta de originalidad, libertad o emprendimiento.
  • La mayoría somos urbanitas que desconocemos la belleza y sentido profundo de la vida del pastor y de las ovejas, pero no tenemos problema en criticarlo sin conocerlo.

Pues, la verdad, yo no tengo ningún problema en reconocerme como oveja. Como alguien débil, que gusta y necesita de los otros para llevar a cabo su propia vida, que con frecuencia se despista y se pierde y tienen que ir a buscarla, que sigue a su pastor porque la  conoce y quiere mejor que ella misma. Y, por si fuera poco, quien nos anima a reconocernos como ovejas, nos recuerda que de igual manera, somos pastores y pastoras, reyes, profetas y puentes (sacerdotes).

Por cierto, ¿no te parece curioso que los que más se incomodan con Cristo Rey, también se indignen con Jesús Pastor de sus ovejas? Ni contigo ni sin ti….

 

Todo comenzó con un encuentro…

La vida se nos va entre encuentros y desencuentros. También se nos viene, claro. Encuentros que querrías que no terminaran nunca, porque hay personas -pocas-  de las que nunca, nunca te cansas. Y desencuentros que querrías que nunca se hubieran producido, pues aunque sea cierto que todo -sí, todo- te ayuda a crecer y a ser mejor persona, hay viajes que preferirías no haber tenido que hacer jamás.

Se puede y se debe elegir. Elijo los encuentros.

 

Ya no existe el desierto.
Ya solamente quedan
lugares del encuentro
contigo y con lo Tuyo.

Los lugares secretos
−a la vista de todos−
donde me oculto y vengo
a estar en Ti y contigo:

a olvidar los silencios
ruidosos, sin hondura,
del mundo en que me muevo.

Aquí estoy en lo Tuyo,                                                                                                                       en lo mío, en lo nuestro,
¡Lugares luminosos
y oscuros del encuentro!

(“Lugares del encuentro”, Ernestina de Champourcín)

Imagen: “Sonido de luz y color”, Vassia Alaykova

¿Qué sería de nosotros sin la esperanza?

La fe que amo más, dice Dios, es la esperanza. 

La fe no me sorprende. Resplandezco tanto en mi creación. Que en verdad para no verme tendría esta pobre gente que estar ciega.

La caridad, dice Dios, no me sorprende. A menos de tener un corazón de piedra, cómo no iban a tener caridad con sus hermanos.

Pero la esperanza, dice Dios, sí que me sorprende. A mí mismo. 

Sí que es sorprendente. Y mi gracia tiene que ser en efecto una fuerza increíble.

Esa pequeña esperanza que parece de nada. Esa niñita esperanza. 

La Fe es una Esposa fiel. La Caridad es una Madre.

Una Madre ardiente, toda corazón. O una hermana mayor que es como una madre.

La Esperanza es una niñita de nada.

Que vino al mundo el día de Navidad del año pasado. Pero esa niñita atravesará los mundos.

Sola, llevando a las otras, atravesará los mundos concluidos.

La fe va por sí misma. La fe marcha sola. Para creer no hay sino que dejarse ir, no hay sino que mirar…

Para no creer, hija mía, tendrían que taparse los ojos y los oídos. Para no ver, para no creer.

La caridad marcha desgraciadamente sola. La caridad camina por sí misma. Para amar a su prójimo no hay sino que dejarse ir, no hay sino que mirar tanta miseria.

Para no amar a su prójimo, hija mía, tendrían que taparse los ojos y los oídos. A tantos gritos de angustia

Pero la esperanza no marcha sola. La esperanza no camina por sí misma. Para esperar, hija mía, hace falta ser feliz de verdad, hace falta haber obtenido recibido una gran gracia.

La pequeña esperanza avanza entre sus dos hermanas mayores y no se la toma en cuenta.

Y no se le presta atención, el pueblo cristiano no presta atención sino a las dos hermanas mayores.

Y cree fácilmente que son las dos mayores las que arrastran a la pequeña de la mano.

En medio. Entre ellas dos. Para hacerla seguir ese camino áspero de la salvación.

Ella, esa pequeña, arrastra todo. 

Porque la Fe no ve sino lo que es. Y ella ve lo que será.

La Caridad no ama sino lo que es. Y ella ama lo que será.

La Esperanza ve lo que todavía no es y que será.

La Esperanza ama lo que no es todavía y que será.

Por el camino ascendente arenoso, difícil, por la senda ascendente.

Arrastrada, colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores, que la llevan de la mano.

La pequeña esperanza. Avanza.

Y en medio entre sus dos hermanos mayores aparenta dejarse arrastrar.

Como una niña que no tuviera fuerza para andar.

Y en realidad es ella la que hace andar a las otras dos. Y las arrastra.

Y hace andar a todo el mundo. Y lo arrastra.

Porque sólo se trabaja por los niños.

Y las dos grandes no andan sino por la pequeña.

(El pórtico del misterio de la segunda virtud, (Madrid, 1991), 13-23)

 

Síndrome MEChV (mentiras, engaños y chanchullos varios): sintomatología y profilaxis

Hay rachas, grupos, asuntos que aparentemente y casi sin explicación razonable se instalan en una especie de opacidad, de ocultamiento, de medias verdades, manipulaciones, difamaciones… No hablo sólo de grandes campañas mediáticas o de operaciones a nivel mundial. Que también las hay. Hablo de esas mentiras, engaños y chanchullos varios (Síndrome MEChV) que en ocasiones parece instalarse con carta de ciudadanía en un grupo, una comunidad, una institución.. Las consecuencias son demoledoras:

  • Mengua progresiva de la esperanza en aquellos que lo padecen y son o han sido objeto de los portadores de tal Síndrome.
  • Aumento desigual de la desconfianza y un clima de sospecha sutilmente disimulado según conviene.
  • Falseamiento de la realidad al propio antojo hasta llegar a creernos nuestro propio discurso, sonrisa hueca, etc…

A veces, sobre todo para gente de buena voluntad, puede confundirse tal Síndrome con un vulgar error. Pero en ningún caso hablamos de lo mismo:

No se trata del error que siempre (nos) acecha y puede ser inevitable… Lo grave es la mentira, la suplantación de la realidad por otra cosa. Verdad es “descubrimiento” (aletheia en griego); lo que no está patente o manifiesto está “cubierto”; lo falseado o falsificado, el dominio de la mentira, está “encubierto”. Esta es la gran tentación que amenaza al hombre, en muchos campos y aspectos, desde la intimidad personal hasta la vida pública…

Las medidas preventivas son muy sencillas si se toman antes de vivir en plena epidemia. Por eso se aconseja no minimizar los primeros síntomas, creyendo que no tiene importancia una pequeña mentira, un pequeño silencio, una sutil manipulación… En un segundo momento, ¡que no cunda el pánico, hay esperanza!:

Mi esperanza, que no es excesiva ni inmediata, se funda en que la mentira se agota. Conserva sus “clientelas” durante algún tiempo y dentro de ciertos límites, pero ¿hasta cuándo? Se vive del crédito, pero éste se agota cuando carece de credibilidad. La falsificación deja de ser un buen negocio. Hay casos de extrema limitación, de obcecación, y en ellos no cabe la menor esperanza; pero no siempre es así.

Y el tratamiento, puesto que tal Síndrome puede llegar a ser sumamente contagioso, es sencillo: VERACIDAD en vena. Enseguida notarás la mejoría y, además,  tu propia veracidad puede llegar a curar a otros:

Creo que la veracidad es aconsejable; si llegara a predominar, se produciría un saneamiento prodigioso del conjunto de la vida que compartimos. Sería conveniente también para los que han practicado la suplantación de lo real por diversas ficciones interesadas. Al volver los ojos a lo que las cosas efectivamente son, pisarían tierra firme. No temerían estar a cada paso desmentidos por lo que efectivamente ha sido o es, no pondrían el pie en el vacío.

Lo que propongo no encierra ningún misterio. Se trata de “mirar” la realidad pretérita y actual y respetarla. La futura depende en gran medida de nosotros, de lo que hagamos, y es lícito que se proyecte con libertad, con fidelidad a los deseos, siempre que al contrastarlos con lo real aparezcan como viables. Lo absolutamente necesario es prohibirse caer en toda tentación de mentira, aunque pueda encerrar premisas que siempre son engañosas.

(El texto encomillado está tomado de Julián Marías, ABC, 21-9-2000)

Pisar (milimétricamente) la raya

Me impactó ver en las noticias cómo Óscar Husillos era descalificado por pisar unos milímetros la raya de su pista, tras haber ganado de forma espectacular la final mundial de 400 en Birmingham. No sólo ganaba ampliamente la carrera, sino que conseguía ser récord de la historia de los campeonatos y nuevo récord de Europa.

Sólo eso, un mal paso milimétrico, le dejó sin victoria, sin oro, sin marca y supongo que sin paz. Y no me lo quito de la cabeza. Un mal paso milimétrico.

No valoro si la decisión es justa o no. Sólo pienso en la fragilidad de nuestras carreras y nuestros pasos. Pienso en meses, años y muchas muchas horas de esfuerzo, de entrenamiento, de renuncia, de alegrías, de fracasos, de penas. Cuanta ilusión, cuánto deseo puesto en práctica, cuántos proyectos, cuántos cuidados. Y un día, el día que te lo juegas todo, sin darte ni siquiera cuenta, pisas milimétricamente la raya.

Puedes patalear, protestar, mandar cartas, pedir que te escuchen, responder con amargura, con ira, con despecho… Puedes hacer lo que quieras. Pero no hay nada que hacer. Nada más que asumirlo. Y seguir corriendo. Seguramente, poniendo más atención a esos pequeños pasos o gestos que pueden serlo todo cuando acabas la carrera.

De hielo y ceniza o un güisqui on the rocks

Me encanta la imposición de ceniza. Me sobrecoge año tras año. Cada cual sabrá cómo lo vive en la verdad de su corazón, pero externamente, es apabullante ver cientos de personas (o un puñado, según a qué iglesia vayas… eso no importa) reconociendo públicamente que somos poca cosa. Que hacemos las cosas mal a conciencia, tantas veces (o sea, que pecamos). Que no hay distinción entre ricos y pobres, tontos y sabios, honestos y mentirosos, mujeres y hombres, niños y ancianos: la ceniza cae en nuestra cabeza por igual. Sólo tienes que querer ponerte de pie y acercarte. Es un bello gesto. Vivirlo hueco o no, ya es cosa de cada cual.

Y este año, la ceniza se me une al hielo… ¿curioso, no? La “culpa” es de Francisco y su mensaje. Si no lo has leído, ya estás tardando… Merece la pena, vivas la cuaresma o no. Lo ha titulado así:

 «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

Habla de “Falsos profetas” que con su maldad hacen de este mundo un lugar frío, como de hielo. Nos dejamos llevar por ellos, nos acomodamos. Y para eso, para colaborar con la maldad, da igual si crees en Dios o no. Ahora bien: nada más ridículo y espantoso que gente que se pavonea de su fe creyéndose mejor que “los otros” y encima son servidores del mal sin escrúpulo:

Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás.

No hablo de asesinos en serie. Hablo de los pequeños gestos que van enfriándonos el alma y el cuerpo. Dar en las narices con la puerta del metro al que viene detrás. Mirar mal a quien no te convence por haberse expresado con libertad. Colaborar con cualquier chisme inocentemente sin preguntarse si es verdad o no y sin hablar con la persona afectada. Mentir, mentir en lo pequeño y en lo grande… ¡Qué camino tan directo al hielo el de la mentira!

No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón…  Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Donde hay ceniza, hubo fuego. El hielo apaga el fuego antes o después. Nada más amable que esas personas que te transmiten calidez. Nada más inhumano que ese frío que se te cuela dentro y te hace vivir “en un trono de hielo”.

A mí me vale. Mi propósito es que si cae me apunto al hielo esta Cuaresma, sea como cantaba Sabina, para poner “dos peces de hielo en un güisqui on the rocks”.