Cuando tanta generosidad no es buena…

Seguramente -casi- todos hemos escuchado o leído aquella curiosa parábola de Jesús sobre diez jóvenes con lámparas de aceite; cinco prudentes y cinco necias, dice el evangelio de Mateo.

No sé si alguna vez te has sorprendido ante la aparente actitud egoísta de las “cinco prudentes”. ¿Es más prudente eso de “cada cual tiene lo que merece”, “es su problema, que hubiera espabilado”, “lo mío es mío y me lo he ganado a pulso”…?

No parece que vaya por ahí Jesús. Una frase del texto hoy me dio la clave:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.” Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.” Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.” Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco.” Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» (Mt 25,1-13)

No es un texto para ensalzar la propiedad privada ni la ley de la retribución según tus obras… En absoluto. Resulta que aceite tenían todas. Todas partían del mismo punto, con las mismas condiciones. Sólo que cinco de ellas -las necias- decidieron no llevar consigo lo que se les dio de entrada.  ¿Ingenuas o confiadas?, ¿presentistas que no atendieron al futuro?, ¿gente con mucha cara que siempre cuentan con que otro te comparta?

Y, ¿qué me decís de las diez prudentes? Sería de esperar que personas que han contado con todo lo que se les ofrecía y han sabido prever el futuro y el presente de sus lámparas y aceite, no fueran tan mezquinas como para hacerse insensibles a la necesidad de las demás.

Me ha hecho pensar en ese “Aceite” personal, intransferible, recibido y regalado que todos tenemos. Que no siempre llevamos con nosotros. Que no siempre ponemos en juego. Las peores consecuencias son para nosotros mismos. Nos quedamos a oscuras cuando menos lo esperamos. Nos quedamos fuera de la fiesta de la vida. Nadie tiene la culpa aunque solemos echársela a cualquiera. Somos nosotros.

También me hizo pensar en lo que hacemos con ese “Aceite” personal nuestro cuando pensamos que es un acto de generosidad darlo a otro. Como si mi propio aceite pudiera hacer alumbrar la luz del otro. No se puede. Pero a veces no soportamos la oscuridad de quien amamos. No soportamos ver que se quedan secos, sin aceite; que no crecen, que malviven. Pero no es posible. Es inútil pedir que otros vivan mi vida y crezcan por mí. ¿Cómo aprenderemos esto?

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Y de repente, la vida

Y de repente,
Todo el horizonte se convierte en un enorme signo negativo
Oscuro y recto
Oscuro y cerrado.
Levantas la mirada
Y todos los arboles parecen secos.
Rectos y secos.
Oscuros y secos.
Cerrados y secos.

Y de repente,
Cierras los ojos.
Respiras.
Te respira.
Y donde solo había barro
Surge vida verde y viva,
Llena de curvas que corren y saltan y cantan.
Surge vida
Y se enreda en casa árbol seco y baila y se entretiene entre tanta savia sabia.
Y salpica. Y refresca. Y te contagia.
Cuanta vida en abundancia.
!Cuanta vida viva!

Y de repente,
La oscuridad sigue ahí pero ya no pesa tanto y parece menos recta y menos cerrada.
Sigue llenándome de Vida.
No dejes de vivirme.

@rosaruizarmi

Fidelidad, felicidad, madurez

En todo camino de madurez -me decía alguien el otro día- se pueden pasar muchas crisis y muchos baches. No importa. Lo realmente insalvable son las “dos tumbas de la madurez: la infidelidad y la infelicidad”.

Me pareció sumamente sugerente y sabia esta anotación. No es posible crecer y ser plenamente nosotros mismos si abandonamos la propia felicidad y cedemos a la infidelidad. Y ambas opciones creo que podemos vivirlo tanto en el camino personal como en el colectivo. No hay madurez si has renunciado a ser feliz. No hay madurez si has renunciado a ser fiel. También como Congregación puede decirse, creo yo. Y hoy, en vísperas de la fiesta de Claret, para toda la Familia Claretiana.

Ese año me permito recordar una entrada de la antigua web www.claretianasnorte.es. 

El contenido sigue siendo válido y me invita a seguir añadiendo otros “si no…”. Ojalá seguir viviéndolo en tantos lugares del mundo y con tanta diversidad, nos siga invitando también a crecer. Si no somos felices, no seremos creíbles y nos moveremos desde la amargura, los miedos, el desánimo. Si no somos fieles, no mereceremos la credibilidad y nuestros proyectos estarán heridos de envidias, división y enfrentamiento.

Que el Padre Claret y el recuerdo agradecido a los últimos 109 mártires claretianos, nos ayuden a ser cada vez más lo que somos pero, por favor, fieles y felices.

NO ERES DE CLARETIANAS…

… si no te emocionas al escuchar eso de: “Llegó el Señor cruzando tu camino …”

… si no sientes el ser misionero/a como algo tan familiar y cotidiano como la amistad, la justicia, la solidaridad

… si no gritas como si acabara el mundo cuando llega lo de: “Claret, voz peregrina que va sembrando…”

… si no ardes en caridad y abrasas por donde pasas

si no deseas eficazmente y procuras por todos los medios que nadie se quede sin arder, sin apasionarse, ¡sin dar sentido!

si no afrontas la vida y sus reveses como si nada te arredrase, sin miedo, con todo valor

si no piensas sino en cómo parecerte un poquito más a Jesús cada día, estés donde estés, seas como seas, tenga la edad que tengas…

… si no antepones el bien de los demás a tus propios intereses…

… si no celebras hoy como un día de fiesta:

¡Feliz día de Claret!

Elogio al miedo que duele

“El miedo es el dolor que sentimos al ver venir el mal” (Aristóteles)

Hace mucho tiempo que no escribo nada por aquí. El inicio de curso se ha llevado muchas fuerzas por delante. No importa. No es fundamental. Igual decimos y escribimos demasiado.

Pero hace poco me encontré con esta frase. No sé si es realmente del filósofo o es un bulo más. Me hizo bien leerla. Tenemos bastante maltratado al miedo. Y ciertamente, siendo tan necesario, no es un lugar habitable. Es lugar de paso. Tampoco el dolor está llamado a quedarse para siempre.

Decimos que el miedo paraliza. Olvidamos que a veces es el miedo -en su justa medida- quien te permite corre y ponerte a salvo o esquivar un mal golpe o ver el peligro -¡el mal!- antes de que sea demasiado tarde para contrarrestarlo con bien para otros.

Dolerse por el mal es un grado alto de humanidad. Bendito dolor. Sentir miedo porque te duele ver venir el mal es un grado alto de lucidez. Por eso hoy quisiera agradecerlo.

Miedo que duele: gracias por tu visita. Ya sabes que mi casa siempre está abierta para ti. Ven cuando lo necesite. Pero, amigo mío, no te quedes para siempre. Mi huéspeda, la esperanza, no me lo perdonaría.

 

 

“Heridas incompatibles con la vida”

Con esta frase describían en las noticias un desgraciado accidente que “se ha llevado una vida por delante”. Otra curiosa expresión para decir que alguien ha muerto. Pero esto de “se presentaron heridas incompatibles con la vida” me ha impactado.

Por aquí estamos comenzando un nuevo curso. Cada comienzo o reencuentro con la realidad cotidiana y rutinaria suele poner en pie los propios fantasmas y temores; quizá porque también se despiertan todas las ilusiones y motivaciones para ponernos en camino y siempre hay algún dragón que quiere devorarlas o al menos dar un buen zarpazo.

Todo se vale. Todo forma parte de la vida. No hay mucha elección. Pero es vital (nunca mejor dicho) mantenernos bien alerta para que no anide nada “incompatible con la vida”. Esto de convivir con nuestras heridas y hasta amarlas puede sonar aséptico, racional y limpio (¡y hasta romántico!) pero no es más que una manera sofisticada de narrar una muerte anunciada o consumada. No lo permitas. Intentémoslo al menos. Heridas sí, pero siempre, siempre, compatibles con la vida.

 

Vivir la Transfiguración como prueba

Pocas veces asociamos la Transfiguración con la prueba, el desierto o la tentación. Y a mí, al menos, me hace bien pensarlo así.

La prueba de la Transfiguración es vivir ese momento de la vida en que ves con claridad donde te han llevado tus decisiones, tus actitudes, tu libertad y tu obediencia. Miras para atrás y te das cuenta que en lo fundamental no hay marcha atrás; miras para delante y sabes que quedan dos opciones:

  • abandonar es traicionarte a ti misma y a todo lo que te ha dado sentido
  • continuar es entrar de lleno en el sufrimiento y el abandono

Es la prueba interior. El mayor desierto. La tentación más inevitable. Ser tentado es la otra cara de ser libre. ¿Sigo adelante fiel a lo que en su día vi con claridad o me pliego a lo que pareciera más lógico, más exitoso, más reconocible por los poderes del momento?

Cuentan los amigos de Jesús que cuando uno vive así, fiel, como Él, recibe el regalo de la luz y la verdad más honda, la que sólo podemos conocer cuando nos es dada. Nos transfigura. Y cuentan también que la tentación vuelve siempre pero la Luz recibida en la Transfiguración, si ha sido verdadera, es una belleza que ya no pierdes nunca. Ni en la Cruz.

Transfigúranos contigo, si llega el momento…

 

Quisieron enterrarnos (en torno al Corpus)

No sabían que somos semilla. Por eso quisieron enterrarnos y nos entierran. Tantas veces. Lo importante es que no olvidemos nosotros que somos semilla. Y somos semilla, somos posibilidad, somos fruto. Pongamos que somos pan… ¿Por qué no? No es mal proyecto, no? Semillas que serán pan… aunque a veces nos entierren.

Más aún: sólo si en alguna manera nos entierran. Aunque duela.

Y así, con Casaldáliga, el poeta, volver a contemplar y adorar, desear cada año:

“Unidos en el pan los muchos granos

iremos aprendiendo a hacer la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida”.

Vente (si puede ser inmediatamente)

¿Sabes esa sensación de desear mucho, mucho, mucho que algo ocurra, que alguien venga?, ¿esas ganas en el estómago y en la garganta y esa inquietud serena deseando que venga esa persona, ese encuentro, esa fuerza, ese respiro?

Ven, hazte presente, vente, que te necesito aquí en el frente… Ven, hazte presente. Vente, dejo la puerta abierta por si llegas de repente… Vente, vente, vente, para que yo te pueda ver y tocar… Vente y quédate… pon tu vida cerca de la mía para que yo te pueda ver y tocar…

Espíritu Santo, ven… Tu, Espíritu, sea como sea, ¡vente, vente, vente, vente…!

Prohibido pisar la hierba

prohibido pisar cesped mingote

Grande Mingote…

¡Y cuánta hierba!… ¡Y cuánto prohibido!… ¡Y qué pocas veces seguimos adelante sin aspavientos, sin hacer bronca, sin violencia, sin dramatismos, sin victimas ni verdugos!…

Sólo tomar un poquito de altura y esa elegante distancia para no enquistarse en lo prohibido y sobre todo, que no consigan amargarte el paseo. ¿No?

¿Tropezar con la misma piedra… o aprender?

Un guerrero de la luz sabe que ciertos momentos se repiten. Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había afrontado; entonces se deprime, pensando que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles reaparecen.
– “¡Ya pasé por esto!”, se queja él a su corazón.
– “Realmente tú ya lo pasaste – responde el corazón -, pero nunca lo sobrepasaste”.
El guerrero entonces comprende que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarle lo que no quiere aprender.

(Guerrero de la Luz, Paulo Cohello)