Quisieron enterrarnos (en torno al Corpus)

No sabían que somos semilla. Por eso quisieron enterrarnos y nos entierran. Tantas veces. Lo importante es que no olvidemos nosotros que somos semilla. Y somos semilla, somos posibilidad, somos fruto. Pongamos que somos pan… ¿Por qué no? No es mal proyecto, no? Semillas que serán pan… aunque a veces nos entierren.

Más aún: sólo si en alguna manera nos entierran. Aunque duela.

Y así, con Casaldáliga, el poeta, volver a contemplar y adorar, desear cada año:

“Unidos en el pan los muchos granos

iremos aprendiendo a hacer la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida”.

Vente (si puede ser inmediatamente)

¿Sabes esa sensación de desear mucho, mucho, mucho que algo ocurra, que alguien venga?, ¿esas ganas en el estómago y en la garganta y esa inquietud serena deseando que venga esa persona, ese encuentro, esa fuerza, ese respiro?

Ven, hazte presente, vente, que te necesito aquí en el frente… Ven, hazte presente. Vente, dejo la puerta abierta por si llegas de repente… Vente, vente, vente, para que yo te pueda ver y tocar… Vente y quédate… pon tu vida cerca de la mía para que yo te pueda ver y tocar…

Espíritu Santo, ven… Tu, Espíritu, sea como sea, ¡vente, vente, vente, vente…!

Prohibido pisar la hierba

prohibido pisar cesped mingote

Grande Mingote…

¡Y cuánta hierba!… ¡Y cuánto prohibido!… ¡Y qué pocas veces seguimos adelante sin aspavientos, sin hacer bronca, sin violencia, sin dramatismos, sin victimas ni verdugos!…

Sólo tomar un poquito de altura y esa elegante distancia para no enquistarse en lo prohibido y sobre todo, que no consigan amargarte el paseo. ¿No?

¿Tropezar con la misma piedra… o aprender?

Un guerrero de la luz sabe que ciertos momentos se repiten. Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había afrontado; entonces se deprime, pensando que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles reaparecen.
– “¡Ya pasé por esto!”, se queja él a su corazón.
– “Realmente tú ya lo pasaste – responde el corazón -, pero nunca lo sobrepasaste”.
El guerrero entonces comprende que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarle lo que no quiere aprender.

(Guerrero de la Luz, Paulo Cohello)

Despacio… camina… vive

«Antes de la redención era el fondo del mar una cárcel y no un camino. Pero Dios convirtió el abismo en camino» [S. Gregorio Magno]

Se cree en el Resucitado -también- cuando se sigue adelante despacio, despacio…

Y cuando no se deja de caminar… aunque sea despacio. Cada cual a su ritmo.

Y, sobre todo, cuando no se deja de vivir. No sólo estar vivo. Ni sobrevivir. Sino vivir y una vida en abundancia. La que todos queremos.

Despacio… Calma… Respira… Sonríe si puedes… No dejes de vivir.

Yo creo en Jesús. Yo creo en el Resucitado

(solo se puede creer en primera persona del singular)

Creo en la Iglesia. En esta, que es la única que hay

(sólo se puede creer con otros, con todos, sin elegir)

Permanece… Despacio… Respira… Da y recibe… Abre… Suelta y deja ir… Despacio… Camina…

Vive

¡Anda, levántate!

Es un clásico: el miedo nos mata. Nos agarrota. Nos deja viviendo medio muertos. Y a veces hasta medio matamos a los que quedan cerca, que de todos es sabido eso de “Señor, ya huele mal, que lleva cuatro días muerto”…

Es un clásico: la fe mueve montañas, pero nadie se resucita a sí mismo. Ni siquiera Jesús. Lo resucitó el Padre. Nos resucitan los que nos quieran, los que lloran al vernos morir, los que siguen creyendo en nosotros, aun en el sepulcro. -esos nos resucitan.

Y la canción de esta semana, también un clásico: ¡anda, levántate y anda! Bien podríamos cantársela a Lázaro, el conocido amigo de Jesús. O a nuestros Lázaros más cercanos. O él, resucitado, cantarnos a nosotros eso de:  … ¡para que tengas vida!… ¡Anda, levántate!

No tengas miedo, tú no te rindas no pierdas la esperanza.

No tengas miedo, yo estoy contigo en lo que venga… y nada

puede ni podrá el desconsuelo retando a la esperanza.

Anda… levántate y anda.
No tengas miedo, no desesperes no pierdas la confianza.

No tengas miedo, yo voy contigo siempre y a donde vayas.

No dejes que envejezca un solo sueño cosido a alguna almohada

Anda… levántate y anda.
No tengas miedo, yo te sujeto sólo confía y salta.

No tengas miedo, voy a cuidarte te alzaré cuando caigas.

Siempre puedes empezar de cero Yo lo hago todo nuevo.

Anda… levántate y anda.

Tú eres mi sueño y mi causa no pienses que voy a dejarte caer

voy a despertarte y estaré a tu lado para que cada día sea un nuevo renacer.

Y para que tengas vida!… Anda! Levántate!

Asuntos pendientes… ¡y mucha luz!

A ver: ¿a ti qué es lo que no te deja ver bien? Todos vamos un poco ciegos por la vida, no? No es una reflexión moral: es una constatación… un clamor… un anhelo…  Sobre todo cuando lo que nos impide ver bien, lo que nos deja a oscuras, son asuntos pendientes; es decir, todo aquello que no hemos digerido bien, que nos ha hecho daño, que no hemos sabido pasar página, que no hemos podido perdonar….

Y vamos como al Ciego del Evangelio. Un poco de música para cantar que hoy es un buen día para liberarnos de asuntos pendientes que nos quitan luz. ¿Te parece?

Miré dentro y pensé que algo debe cambiar,
No puedo caminar con rencor en la piel y en los ojos la sal.
Confiar otra vez en la humanidad,
Disfrutar de tus besos, oler en tus manos toda tu bondad.
Lo cierto es me hiciste mal. Lloré ríos, bebí crueldad.
Me equivoqué, no supe amar, quiero aprender, andar en la verdad.
Encontrar la razón de las horas perdidas,
Entender el perdón como un gesto de amor para toda la vida.
Aceptar que hoy es hoy y que ayer fue pasado,
Que aprender a vivir es saber descubrir que el futuro está actuando.
Olvidar el dolor de palabras hirientes
Y cambiar la razón ojos que no te ven corazón que te siente.
Entregarme a la luz cuando llegue el momento
Y buscarte en mi alma, encontrarte,
Saber y sentir que no tengo asuntos pendientes.
Asuntos pendientes…
No quiero que me duelas más, ni esperar nunca nada de ti.
Quererte así sin disfrazar, dejando a un lado el mal que viví…
Encontrar la razón de las horas perdidas,
Entender el perdón como un gesto de amor para toda la vida.
Aceptar que hoy es hoy y que ayer fue pasado,
Que aprender a vivir es saber descubrir que el futuro está actuando.
Olvidar el dolor de palabras hirientes
Y cambiar la razón ojos que no te ven corazón que te siente.
Entregarme a la luz cuando llegue el momento
Y buscarte en mi alma, encontrarte,
Saber y sentir que no tengo asuntos pendientes.
Asuntos pendientes…

Seamos Pastillas potabilizadoras

Mucha bufa, mucha palabra fuera de tono, mucho trago de agua contaminada que vamos sorbiendo a poquitos y así… casi, casi, lo bebemos sin darnos cuenta. Pero siempre hay alguien o algo (si estás un poquito atento) que te hace sentir incómodo, que te deja mal sabor de boca y entonces te preguntas: ¿qué estoy bebiendo?

Y escuché ayer a alguien que nos invitaba a ser “pastillas potabilizadoras” en estos días cotidianos: entre cercanos y no tanto, en el ámbito público y en el privado, en lo pequeño y en lo grande…Porque si seguimos así, acabaremos todos sin sed, bien hartos, pero con el estómago más que atrofiado, contaminados y con el sentido gustativo atrofiado. Ese sentido que nos permite calibrar lo amargo y lo dulce, lo salado, lo luminoso y lo tosco… va a terminar por atrofiársenos personal y socialmente como sigamos así. Y será una pena.

Ya no vale sólo con “no contaminar” y mirar para otro lado o huir de conversaciones zafias, violentas o mentirosas. Hace falta potabilizar. Y podemos hacerlo. Ojalá.

Confesión… samaritana

¡Ay de los errores cometidos por amor!, ¡ay de las meteduras de pata de quien busca amar y que te quieran!… ¡Cuánta indulgencia y ternura parece que provocan en el corazón de Dios! Y si no, mira la Samaritana y Jesús, conversando en el Pozo… Sin renunciar a la verdad, llamar a las cosas por su nombre; sin dejar de lanzar el deseo para crecer e ir más allá, sin contentarse con amores coleccionables… ¡Pero cuanto amor!

Pues eso: yo también me confieso culpable.

Confieso ..
haber perdido el juicio, haber catado el vicio, haber alzado el vuelo.

Confieso ..
haber mordido el polvo, haber tocado fondo, haber besado el suelo.

Confieso que ..
me equivoqué más veces que acerté, que quise ser lo que no era.

Confieso que ..
más de una vez, al verte me cambié de acera.

Confesión, confesión que tiro al viento.
No estoy buscando redención, no me arrepiento.
Confesión del pecado inconfesable, de haberte querido tanto .. me confieso culpable.

Confieso ..
que no te he perdonado, que me hayas olvidado, en tan poco tiempo.

Confieso ..
que, por seguir al viento, a veces he partido cuando no era el momento.

Culpable .. Culpable .. Culpable ..
Si quererte fue delito abre bien esas orejas y escucha lo que te digo:
“Yo no le temo al castigo. Abre bien esas orejas. Si quererte fue delito ..
que me metan entre rejas”

Culpable .. Culpable .. Culpable ..

Trocar placer por dolores ¿o estar sin amores?

Vivimos rodeados de “buenismos” varios: éticos, estéticos, espirituales, políticos… Todo lo que implique dolor, tensión, desasosiego… no es bueno. Ni bello, quizá. Y a fuerza de limar y redondear la realidad, vamos perdiendo intensidad, pasión, ¡vida, en definitiva!

Quizá por eso el evangelio de la Transfiguración me ha recordado esta bella canción del siglo XV, de Juan del Encina. El primer “cantautor” que aprovechó la novedosa imprenta sin asustarse de “esos modernismos”. Lo que es bello, sigue siéndolo siglos después. Incluso aunque no te guste este tipo de música. Y no olvides la letra.

Hay placeres que bien merecen ser trocados por soledad, angustia, debilidad, burlas, sufrimiento… siempre que el precio haya sido amar. Amar mucho y bien. todo lo mejor posible. Porque vamos intuyendo que los momentos de luz y paz que se nos regalan en la vida (como la Transfiguración) nunca serían tan intensos y bellos, si nos empeñamos en renunciar a todo dolor, pasión, presión… Quizá vivas más tranquilo, todo muy suave y correcto… pero bello, lo que se dice bello… creo que no.

Más vale trocar
plazer por dolores,
que estar sin amores.

Donde es gradecido
es dulce el morir;
bivir en olvido,
aquél no es bivir:
mejor es sufrir
passión y dolores,
que estar sin amores.

Es vida perdida
bivir sin amar,
y más es que vida
saberla emplear:
mejor es penar
sufriendo dolores,
que estar sin amores.

La muerte es vitoria
do bive afición,
que espera aver gloria
quien sufre passión:
más vale presión
de tales dolores,
que estar sin amores.

El ques mas penado
mas goza de amor,
quel mucho cuydado
le quita el temor:
assí ques mejor
amar con dolores
que estar sin amores.

No teme tormento
quien ama con fe,
si su pensamiento
sin causa no fue:
aviendo por qué
más valen dolores,
que estar sin amores.

Amor que no pena
no pida plazer,
pues ya le condena
su poco querer:
mejor es perder
plazer por dolores,
que estar sin amores.